sábado, 23 de agosto de 2014

Capítulo 10.

Miércoles, octubre va a comenzar en unos días. La chica se levanta sin fuerzas de la cama, otro día más que tiene que ir a la universidad y no le hace ni pizca de gracia. Va a la cocina a prepararse algo para desayunar y en cuanto se lo toma vuelve a su cuarto para vestirse. Elige la ropa que pensó la noche anterior, sí, se quedó pensando hasta quedarse dormida en qué se pondría al día siguiente, pero tiene una explicación: Blas. La tarde anterior volvieron a hablar y decidieron quedar para ir a dar una vuelta después de comer. Se viste rápidamente y va al cuarto de baño, se peina, se lava los dientes y de nuevo entra en la habitación, coge su bandolera llena de apuntes y algún libro y, con el móvil en la mano, sale de casa.
Once y media de la mañana, comienza la primera clase. Tras esa llega otra más y finalmente es libre por ese día a las dos en punto. Los miércoles tiene suerte, sólo tiene clases por la mañana y durante pocas horas. Coge el autobús para llegar a casa, por suerte su madre ya tiene la comida preparada.

- ¿Qué tal las clases? - Pregunta su madre colocando los platos sobre la mesa.
- Bien, un poco aburridas pero bien.
- Bueno, me alegro.

Clara toma su asiento en la mesa y come de forma rápida, tiene sólo 45 minutos para hacerlo y llegar al sitio en el que ha quedado con Blas.

- ¿Te pasa algo? ¡Vas a acabar atragantándote! - Dice su padre.
- Papá, o como rápido o llegó tarde.
- ¿Tarde? ¿A dónde? Que yo sepa hoy no tienes ninguna clase por la tarde.
- He quedado.
- ¿Con alguna de las chicas?
- No, no. Con un amigo.
- ¿Un amigo?
- Sí, papá, un amigo.
- ¿Y tiene nombre ese amigo?
- Se llama Blas y como sigas haciendo preguntas va a tener que quedarse esperándome.

La bajita de ojos claros se levanta apresuradamente y deja su plato en la cocina. Después, va a la habitación .

- Clara, ¿y el postre?
- ¡Mamá no tengo tres años y tampoco tengo hambre! 
- Demasiadas prisas tienes por ese chico.
- ¡Qué pesados estáis hoy eh!

Tras esto sale de casa casi corriendo, la toca esperar varias estaciones de metro que recorrer y si no va deprisa no llegará a tiempo.
Sólo han pasado tres minutos desde la hora que quedaron y ya está llamando a su timbre.

- ¡Hola Clara!
- Hola. - Contesta sonriendo. Después de saludarse se dan dos besos. Los dos se quedan un poco parados y Blas reacciona con un fuerte abrazo.
- Te echaba mucho de menos.
- Yo también chiqui.
- Pasa, pasa. Cojo mi abrigo y nos vamos.
- Vale. - Responde ella cerrando la puerta de la casa nada más entrar.
- ¡Listo! - Dice el chico saliendo de su habitación y cogiendo las llaves de casa. - ¿Nos vamos?
- ¡Claro!

Caminan hablando como lo hacían al conocerse. Han olvidado todo lo ocurrido en este último tiempo dando paso a lo que parece una gran amistad.

- ¿Quieres que vayamos a tomar algo?
- Yo la verdad que lo prefiero, hace un poco de frío en la calle.
- Si quieres volvemos a mi casa y tomamos allí lo que sea.
- Como tú quieras Blas.
- Entonces vamos. - Contesta riendo.
- ¿Sabes? ¡En dos días me voy con Elena a París! - Cuenta ella de camino a casa del chico.
- ¿De verdad? ¡No tenía ni idea! - Miente.
- Sí, nos vamos el viernes y volvemos  domingo. Es poco tiempo pero es lo que nos permite la universidad.
- No sé si lo sabrás, pero a mí me encanta ese sitio, ¡he ido varias veces y volvería siempre!
- ¡Vaya! Espero que me guste tanto como a ti.
- ¡Te aseguro que sí! - Siguen caminando en dirección contraria a la de antes pero ahora en silencio. - Siento haber estado sin hablarte todo este tiempo. Te aseguro que no fue mi culpa y sé que es difícil de creer, pero tienes que hacerlo. - Él la mira, pero ella escucha atenta mirando el suelo. - ¿Sabes? - Se rasca la cabeza. - Lo pasaba genial contigo, me hacías reír, sabes que siempre lo pasábamos muy bien y quiero que vuelva a ser así, como está tarde, así siempre. Clara... Me gustabas y aunque haya pasado todo este tiempo, creo que lo sigues haciendo. - La chica le dedica una sonrisa con las mejillas un poco rojas.
- Yo... No sé qué decir... 
- No hace falta que digas nada, sólo quería que lo supieras. - Tras esto agarra la mano de Clara y caminan juntos hasta su casa. Una vez que han llegado él abre la puerta. - ¿Qué haces aquí? - Pregunta al ver una chica rubia en su salón viendo una serie tranquilamente.


Espera en la puerta del cine con dos entradas en la mano. Es justo la hora a la que han quedado y ya ve como llega su amiga.
- ¡Hola!
- ¡Buenas! - Contesta Paula abrazándole. - ¿Tienes ya las entradas?
- ¡Sí! La película empieza en quince minutos así que mejor vamos pasando ya. - Responde David.
- ¡Perfecto!

Los dos entran juntos y primero se dirigen al puesto de palomitas. Allí compran algo de comida y un par de bebidas. Después, entran en la sala de cine.

- ¿Qué película es? - Pregunta la chica buscando sus asientos.
- No me acuerdo del título.
- Ah, pues bien. - Dice riendo.
- Lo que sé es que es de miedo.
- ¿Quieres hacerme sufrir?
- ¡Me dijeron que estaba muy bien!
- Yo a eso lo llamo excusa. 

Las luces de la sala se apagan y tras unos minutos de publicidad, la película comienza.
Se lleva un par de sustos mientras el chico la contempla riendo.

- La próxima vez elijo yo. - Susurra para no molestar al resto.
- Anda, ven. - El chico la abraza y ambos siguen viendo la película. Poco después, ella vuelve a asustarse.
- Como me sueltes juro que te mato. - Amenaza asustada.
- No voy a soltarte, aunque cuidado, a lo mejor viene el asesino y...
- ¡Cállate! - Exclama ella. Algunos ya se quejan de que estén hablando durante la película.
- ¿De verdad estás tan asustada? - Pregunta el bajando el tono y acercándose más a su amiga.
- ¿A ti que te parece? - El chico la observa detenidamente. ¿Desde hace cuántos años se conoce? No la ha visto tan asustada nunca y menos por una película. Se siente algo culpable y no aparta la vista de ella. La quiere y la tiene más cerca que nunca. ¿Y si la besa?
- Paula...
- Dime. - Sin pensárselo dos veces se lanza y la da un beso. Automáticamente se repite en su cabeza: ¿Qué he hecho?



- ¿Quién es esa? - Pregunta Alba levantándose del sofá.
- Ella no es nadie, no empieces.
- ¿Sabes Blas? Creo que no pinto nada aquí, si de verdad querías dejar de hablar conmigo porque estabas con ella podrías habérmelo dicho. Lo habría aceptado mejor que otra de tus mentiras.
- Clara yo... - La morena baja rápidamente las escaleras llorando por cada una de las ilusiones que se había montado gracias a las palabras del chico minutos antes. - Contenta, ¿no? ¡Ya estás otra vez aquí acabando con todo lo que tengo!
- Pero, ¿qué dices? ¿De verdad lo del otro día iba en serio?
- ¡Claro que iba en serio! ¡Si dije que quiero que te marches es que quiero que te vayas y lejos!
- Blas, estás bajo mucha presión con esto del primer disco, relájate, ¿vale?
- ¡No me digas que me relaje! ¡Y no digas nada sobre el disco! ¡Te aseguro que no tienes ni idea de nada!
- Ay, ¡qué pesado te pones a veces! - La chica vuelve a sentarse en su asiento y cambia de canal.
- Alba, ¿qué no entiendes de vete, de fuera, de márchate?
- ¿De verdad me estás haciendo esto? ¿Con todo lo que hemos vivido?
- ¿Te estás escuchando? Será todo lo que has vivido tú, estando feliz fastidiándome todos y cada uno de mis proyectos. ¡Y ahora haces que Clara se vaya!
- ¿Pretendes cambiarme por esa?
- No pretendo cambiarte por que no estamos juntos. ¿Tanto te cuesta entenderlo?
- ¿Cómo te atreves a decir eso?
- Alba, vete.
- Pero, ¡Blas!
- ¡He dicho que te vayas! - La chica del pelo claro se levanta y sale del piso dando un portazo. Por lo menos parece que se ha marchado para siempre, ahora sólo le queda un problema. Coge rápidamente su móvil y marca el número de Clara. Espera unos segundos y no obtiene respuesta, vuelve a intentarlo dos veces más, la última ella le cuelga. ¿Cómo va a intentar arreglar las cosas antes del viaje si ni siquiera puede hablar con ella? 

sábado, 16 de agosto de 2014

Capítulo 9.

- Entonces, ¿tienes aquí tus billetes? - Preguntó el moreno de la barba cogiendo el último trozo de su postre.
- Sí... Acababa de sacarlos, los de Clara y los míos.
- ¡Perfecto! Entonces, ¿pasamos por casa de Blas y se lo explicamos?
- ¿De verdad crees que es una buena idea?
- ¡A Blas le encanta París!
- ¡Y a mí! Te recuerdo que soy la que sale perdiendo en todo esto... - Protestó Elena.
- Te juro que eso lo arreglaré. Lo tengo pensado...
- ¿Y qué es?
- Sorpresa...

Ambos acabaron de comer y, tras pagar la cuenta, subieron al coche de él para llegar hasta la casa de uno de sus compañeros del grupo.

- Es este piso. - Indicó Álvaro.
- Llama tú.
- Blas no te va a comer pequeña.
- ¿Pequeña?
- Eres más bajita y tienes dos años menos que yo, eso te convierte oficialmente en pequeña, o por lo menos para mí, así que eres mi pequeña.
- ¡Qué tonto eres a veces! - Contestó la chica riendo mientras él llama al timbre.
- ¿Qué hacéis vosotros aquí? - Preguntó Blas sorprendido por la visita.
- ¡Nos apetecía verte! - Respondió su compañero.
- Pasad, pasad.

La pareja de amigos hicieron caso y entraron en la casa. Estaba un poco desordenada, algo raro en el chico. 

- ¿Te pasa algo Blas? - Preguntó Elena al verle mala cara.
- No... Estoy bien, sólo... Un dolor de cabeza.
- ¿Quieres tomar algo? Creo que tengo alguna aspirina en el bolso.
- No, de verdad que no hace falta.
- ¿Acaso tu dolor de cabeza se llama Alba? - Preguntó sin rodeos.
- ¡Álvaro! - Exclamó Elena dándole un codazo.
- ¿Qué te pasa con esa chica? ¿Qué os pasa a todos? Siempre estáis igual... 
- ¿Y a ti con Clara? Ya no la hablas, ¡ni la contestas a los mensajes! Y fue después de que cierta persona llegara...
- No he recibido nada suyo, ¡a lo mejor es ella la que no quiere hablar!
- Blas... Te ha llamado varias veces. He visto algún que otro mensaje que te ha escrito y no tiene ninguna respuesta... - Dijo la morena defendiendo a su amiga.
- Sí, ¿no? ¡Toma mi móvil! Aquí no ha llegado nada. - La chica se extrañó, Álvaro por el contrario permanecía tranquilo, no era la primera vez que esa chica rubia borraba mensajes, llamadas y cualquier cosa para ser 'la única' en la vida del chico de ojos azules.
- Blas, ¿por qué no te tranquilizas? No hemos venido a echarte la culpa de nada. Venimos a proponerte algo.
- Lo siento... No estoy teniendo días buenos...
- ¡Por eso venimos a proponerte un viaje! 
- ¿Un viaje? Álvaro, estamos con los últimos ensayos, ahora no puedo ir a ningún sitio.
- Sólo van a ser tres días... ¡Y en París!
- ¿De verdad? ¿Nos vamos los cinco?
- No... Os vais Clara y tú...
- ¿Qué? ¿Por qué? Es decir... ¿Qué tiene que ver Clara en todo esto?
- Para empezar mejor no le digas nada a ella... No lo sabe y es mejor que siga así... La cosa es que Elena y ella se iban a ir la semana que viene y bueno, puesto que las cosas entre vosotros no es que estén muy bien habíamos... - Elena levantó una ceja. - Había pensado que lo podíais arreglar allí. Además, tú conoces el sitio perfectamente y ella no, ¡serías un buen guía!
- Pero, ¿y si ella está enfadada conmigo? Además, ¡Elena no se va a quedar sin viaje por mi culpa!
- Ella está preocupada, pero siempre puedes llamarla. Y de lo de Elena ya me encargo yo. - Contestó Álvaro sonriendo.
- Anda, llámala. De verdad que lo necesita, eres muy importante para ella. Y bueno chicos, yo ahora me tengo que ir. - Tras dos besos a cada uno y dejar los billetes del viaje sobre la mesa, la chica abandonó la casa, tenía algún asunto que resolver en la universidad.



David y Carlos permanecían sentados en el sofá de Paula, que bailaba animadamente con Laura probando uno de los juegos de la Wii.

- ¿De verdad que no queréis probar? 
- Laura, de verdad que no es una buena opción.
- ¡Venga, seguro que no lo hacéis tan mal!
- Yo que tú no estaría tan segura...
- ¡Sólo un baile! ¡Por favor! - Pidió Paula. Los dos chicos se miraron y asintieron, mientras fuera sólo uno...
- ¿Qué canción queréis?
- Pues... A ver... Esa no, esa tampoco... ¿Y esa? Ah, no, no...
- ¡Esa!
- Carlos y su pequeña obsesión con las canciones de Katy Perry.
- ¡Será mi futura mujer!
- Yo que tú no estaría tan seguro...
- Lo será, quizá ella no lo sepa, pero lo será.
- Anda, chicos, preparaos que empieza ya.

Tres minutos después las dos chicas estaban seguras de que hacerles bailar no había sido una buena idea. Aunque bueno, por lo menos se rieron un rato.

- Os lo dijimos... Un desastre, ¿verdad?
- Sólo... Un poco.
- Creo que va a ser mejor que prepare algo para la merienda. - Dijo el chico rubio dejando de lado el mando de la consola.
- ¡Te acompaño! 
- Yo me quedo aquí con Paula, a ver si se me pega algo y empiezo a bailar en condiciones...
- Sigue soñando David. - Respondió el chico de los ojos claros.



- ¿Qué te ha dicho? ¿Todo bien? - Preguntó Álvaro en cuanto su amigo colgó el teléfono.
- La notaba algo distante.
- Blas, has sido tú el que ha estado distante este tiempo, entiéndela.
- ¡Te juro que no me llegó nada!
- Y te creo.
- ¿Entonces?
- ¿Por qué no te alejas de Alba? Ya sabes que todo acabó mal la última vez. ¿Por qué repetir el mismo error?
- No estamos juntos.
- Pero tampoco separados.
- Es complicado Álvaro...
- No lo es, llámala, quedáis y se lo dices. 
- No quiero ni llamarla... Te juro que no aguanto más.
- ¿Por qué no nos lo habías dicho?
- ¡No sabía cómo hacerlo! ¡En cuanto escucharais su nombre me chillaríais cualquier cosa!
- Lo siento si no son buenas formas, pero entiende que lo hacemos por ti.
- Ya, ya lo sé... Oye y, ¿Elena y tú?
- ¿Elena y yo qué?
- ¡A mi no me engañas! ¿Estáis saliendo?
- ¡No! 
- ¿De verdad?
- Sí.
- ¿Seguro?
- ¡Sí!
- Pues poco os queda para dar el paso... Cualquiera que te vea lo notaría.
- No digas tonterías.
- Te sale una sonrisilla en cuanto digo su nombre...
- Es una gran amiga, eso es todo. ¿Y a ti Clara qué? Te recuerdo que me dijiste que empezaba a gustarte. Y si os vais a París...
- Aún no he dicho que vaya a ir... Parece una encerrona, no quiero que la moleste.
- ¡Venga Blas! ¡Por favor! ¿Irás?

viernes, 8 de agosto de 2014

Capítulo 8.

Mira preocupada la pantalla del móvil. Lleva casi un mes sin hablar con el chico. No es porque ella no quiera... Parece que él la evita.
Llaman a la puerta de su habitación.

- Pasa. - Dice casi sin ganas.
- ¡Ya los tengo Clara! - Exclama Elena eufórica agitando los dos billetes que sujeta con una mano.
- ¡Bien! - Contesta sin entusiasmo.
- Ey, ¿qué te pasa?
- Nada...
- ¿Blas?
- ¿Blas o Alba? Desde que volvió el día del concierto no he vuelto a hablar con él. ¡Hace casi un mes! Y con lo que me contó Paula no sé qué pensar...
- Se va a arreglar todo, ¿vale?
- Eso es fácil decirlo.
- A ver Clara, mírame. - Pide su amiga sentándose a su lado. - Ahora voy a ir a tomar algo con Álvaro. Lo hablaré con él, seguro que puede hacer algo.
- Gracias...
- ¡No se dan! Por cierto... ¡Que en una semana nos vamos a París! Toma. - Le entrega el billete a su amiga. - ¿No estás nerviosa?
- ¡La verdad es que me apetece mucho! Llevábamos planeando este viaje desde hace años, ¡éramos las únicas del grupo que íbamos a clase de francés!
- ¡Y espero que haya servido de algo! Que sino...
- Eso espero... - Dice resoplando. - Por cierto, ¿y eso de que te vas con Álvaro? ¡Con lo que le odiabas!
- Tampoco le odiaba...
- Más de una vez me dijiste 'le odio'. Eso es odiarle.
- Bueno, vale, pero ya no. Estaba enfadada por una tontería y el en concierto lo arreglamos. Ya está.
- Si eso ya lo sabemos todos. La cosa es que por ejemplo: Rocío y Dani varias veces han quedado, Marina acabó presentándole a Laura a Carlos y bueno, David y Paula como eran amigos de hace tiempo... ¡Pero tú nunca has dicho nada! ¿Es la primera vez que quedáis? 
- Bueno... Hemos estado hablando mucho todo este tiempo... Alguna vez nos hemos visto pero ha sido poco.
- ¡Y no nos lo has dicho! ¡Muy bonito!
- ¡Ni que me fuera a casar! - Ríen las dos escandalosamente.
- Y dime, ¿qué vais a hacer? 
- Me ha invitado a comer.
- ¿Es una cita? ¡Es una cita!
- ¡No lo es!
- ¡Venga, Elena, sabes que sí! Espera, espera, espera.
- No me gusta cuando me llamas Elena... Sabes que prefiero Eli y siempre que lo dices es para liarla...
- ¡Eli Gango! Sería así, ¿no?
- ¡Clara! Dios... ¡Juro que te mato! - Ríe y la golpea con un cojín. - Además... Es García-Gango. 
- ¿Te sabes el nombre completo? - La morena bajita ríe más fuerte que nunca. - Eso sí que no lo esperaba.
- Bueno, luego te cuento que voy a llegar tarde. - Dice mirando la hora.
- ¡Vale! ¡No te hagas la dura eh! - Exclama haciendo que la morena del flequillo salga de la habitación riendo.



Se recoge el pelo con una coleta y entra en el salón. Enciende la televisión y busca algo para ver. Nada, en casi todas las cadenas está el telediario. Decide ir a la cocina para pensar qué puede cocinar. Hoy sus padres trabajan y le ha tocado pasar el día sola. Abre la nevera, está casi vacía. Su madre ya la avisó de que no le había dado tiempo a hacer la compra y que seguramente le tocaría ir a comprarse algo de comida fuera de casa, pero Marina se niega, tiene que disfrutar el fin de semana antes de volver a la universidad, y con disfrutar se refiere a dormir.

- ¿Y ahora qué hago? - Se pregunta después de no haber encontrado nada que la lleve más de diez minutos de cocinar.

Finalmente decide que lo mejor será llamar y pedir una pizza. Y así hace, marca el número pero, antes de pulsar el botón para llamar alguien toca el timbre de su puerta.

- ¡Sorpresa! - Dice Mario en cuanto le abren la puerta.
- ¿Pero qué haces aquí? Osea, ¿qué haces aquí ya? ¿No llegabas en noviembre?- Pregunta la chica rubia mientras le abraza.
- No... Te mentí. Quería darte una sorpresa y aquí estoy. Y... ¡He traído comida!
- ¿Te he dicho alguna vez lo mucho que te quiero? - Pregunta riendo mientras cierra la puerta de casa una vez que el chico está dentro.
- No lo suficiente... He traído un par de hamburguesas con patatas y eso.
- ¿Has cogido postre?
- McFlurry de oreo con chocolate, ¿no? - Dice enseñándole el helado a su amiga.
- Como sigas así acabaré casándome contigo, lo prometo.
- Ojalá... - Susurra el chico de manera casi inaudible.
- ¿Decías algo?
- No, nada. ¿Dónde pongo esto? - Pregunta señalando las dos bolsas con comida.



Sigue esperando en la calle que Álvaro le había dicho. ¿Y si se ha confundido? Lleva un rato esperándole y no llega. Decide buscar en el móvil el mensaje en el que ponía la dirección. Lo comprueba y sí, está bien. Quizá le haya pasado algo... ¿Y si le llama? Tampoco quiere parecer una pesada... Además, sólo llega casi diez minutos tarde. Eso no es mucho, ¿no? Antes de que siga pensado dos manos le tapan los ojos.

- ¿Quién soy?
- ¿El chico que llega tarde?
- Y que lo siente mucho. - Contesta el moreno de la barba mientras la chica se gira para darle dos besos y un pequeño abrazo. - Me ha costado muchísimo aparcar. Lo siento.
- No pasa nada, de verdad.
- Nuestra primera cita y llego tarde, sí que pasa.
- ¿Tú también lo llamas así?
- ¿A qué te refieres?
- No sabía que esto era una cita. Sino me habría arreglado más...
- Una cita de amigos, ¿no?
- ¡Como tú digas! - Contesta la chica sonriendo.
- Bueno, ¿entramos? - Pregunta el chico abriendo la puerta del restaurante.
- ¡Claro!

Pronto los dos están sentados en la mesa. Un camarero les atiende minutos después y piden la comida y bebida.

- ¿Y os vais Clara y tú solas?
- Sí. Nos vamos sólo tres días pero bueno, con esto de la universidad no podíamos más.
- ¿Sabes a quién le encanta París? A Blas.
- ¿Sí? Pues justo de él te quería hablar...
- Dime.
- ¿Le ha pasado algo con Clara?
- Más bien parece que le ha pasado algo con el resto del mundo. Últimamente se pasa los ensayos enfadados, viene con mala cara...
- Pero, ¿vosotros sabéis por qué?
- Y perfectamente. El por qué tiene nombre.
- Alba...
- ¡Exacto!
- Blas no habla con Clara desde el concierto... Nada, ni una palabra. No contesta a los mensajes ni a las llamadas.
- Lo peor es que no creo que sea cosa suya. Apuesto a que esa chica le controla hasta el móvil...
- Tenemos que hacer algo.
- Yo tengo un plan... Y creo que es bastante bueno.
- ¿De verdad?
- ¿Quieres oírlo?
- ¡Claro!