- Entonces, ¿tienes aquí tus billetes? - Preguntó el moreno de la barba cogiendo el último trozo de su postre.
- Sí... Acababa de sacarlos, los de Clara y los míos.
- ¡Perfecto! Entonces, ¿pasamos por casa de Blas y se lo explicamos?
- ¿De verdad crees que es una buena idea?
- ¡A Blas le encanta París!
- ¡Y a mí! Te recuerdo que soy la que sale perdiendo en todo esto... - Protestó Elena.
- Te juro que eso lo arreglaré. Lo tengo pensado...
- ¿Y qué es?
- Sorpresa...
Ambos acabaron de comer y, tras pagar la cuenta, subieron al coche de él para llegar hasta la casa de uno de sus compañeros del grupo.
- Es este piso. - Indicó Álvaro.
- Llama tú.
- Blas no te va a comer pequeña.
- ¿Pequeña?
- Eres más bajita y tienes dos años menos que yo, eso te convierte oficialmente en pequeña, o por lo menos para mí, así que eres mi pequeña.
- ¡Qué tonto eres a veces! - Contestó la chica riendo mientras él llama al timbre.
- ¿Qué hacéis vosotros aquí? - Preguntó Blas sorprendido por la visita.
- ¡Nos apetecía verte! - Respondió su compañero.
- Pasad, pasad.
La pareja de amigos hicieron caso y entraron en la casa. Estaba un poco desordenada, algo raro en el chico.
- ¿Te pasa algo Blas? - Preguntó Elena al verle mala cara.
- No... Estoy bien, sólo... Un dolor de cabeza.
- ¿Quieres tomar algo? Creo que tengo alguna aspirina en el bolso.
- No, de verdad que no hace falta.
- ¿Acaso tu dolor de cabeza se llama Alba? - Preguntó sin rodeos.
- ¡Álvaro! - Exclamó Elena dándole un codazo.
- ¿Qué te pasa con esa chica? ¿Qué os pasa a todos? Siempre estáis igual...
- ¿Y a ti con Clara? Ya no la hablas, ¡ni la contestas a los mensajes! Y fue después de que cierta persona llegara...
- No he recibido nada suyo, ¡a lo mejor es ella la que no quiere hablar!
- Blas... Te ha llamado varias veces. He visto algún que otro mensaje que te ha escrito y no tiene ninguna respuesta... - Dijo la morena defendiendo a su amiga.
- Sí, ¿no? ¡Toma mi móvil! Aquí no ha llegado nada. - La chica se extrañó, Álvaro por el contrario permanecía tranquilo, no era la primera vez que esa chica rubia borraba mensajes, llamadas y cualquier cosa para ser 'la única' en la vida del chico de ojos azules.
- Blas, ¿por qué no te tranquilizas? No hemos venido a echarte la culpa de nada. Venimos a proponerte algo.
- Lo siento... No estoy teniendo días buenos...
- ¡Por eso venimos a proponerte un viaje!
- ¿Un viaje? Álvaro, estamos con los últimos ensayos, ahora no puedo ir a ningún sitio.
- Sólo van a ser tres días... ¡Y en París!
- ¿De verdad? ¿Nos vamos los cinco?
- No... Os vais Clara y tú...
- ¿Qué? ¿Por qué? Es decir... ¿Qué tiene que ver Clara en todo esto?
- Para empezar mejor no le digas nada a ella... No lo sabe y es mejor que siga así... La cosa es que Elena y ella se iban a ir la semana que viene y bueno, puesto que las cosas entre vosotros no es que estén muy bien habíamos... - Elena levantó una ceja. - Había pensado que lo podíais arreglar allí. Además, tú conoces el sitio perfectamente y ella no, ¡serías un buen guía!
- Pero, ¿y si ella está enfadada conmigo? Además, ¡Elena no se va a quedar sin viaje por mi culpa!
- Ella está preocupada, pero siempre puedes llamarla. Y de lo de Elena ya me encargo yo. - Contestó Álvaro sonriendo.
- Anda, llámala. De verdad que lo necesita, eres muy importante para ella. Y bueno chicos, yo ahora me tengo que ir. - Tras dos besos a cada uno y dejar los billetes del viaje sobre la mesa, la chica abandonó la casa, tenía algún asunto que resolver en la universidad.
David y Carlos permanecían sentados en el sofá de Paula, que bailaba animadamente con Laura probando uno de los juegos de la Wii.
- ¿De verdad que no queréis probar?
- Laura, de verdad que no es una buena opción.
- ¡Venga, seguro que no lo hacéis tan mal!
- Yo que tú no estaría tan segura...
- ¡Sólo un baile! ¡Por favor! - Pidió Paula. Los dos chicos se miraron y asintieron, mientras fuera sólo uno...
- ¿Qué canción queréis?
- Pues... A ver... Esa no, esa tampoco... ¿Y esa? Ah, no, no...
- ¡Esa!
- Carlos y su pequeña obsesión con las canciones de Katy Perry.
- ¡Será mi futura mujer!
- Yo que tú no estaría tan seguro...
- Lo será, quizá ella no lo sepa, pero lo será.
- Anda, chicos, preparaos que empieza ya.
Tres minutos después las dos chicas estaban seguras de que hacerles bailar no había sido una buena idea. Aunque bueno, por lo menos se rieron un rato.
- Os lo dijimos... Un desastre, ¿verdad?
- Sólo... Un poco.
- Creo que va a ser mejor que prepare algo para la merienda. - Dijo el chico rubio dejando de lado el mando de la consola.
- ¡Te acompaño!
- Yo me quedo aquí con Paula, a ver si se me pega algo y empiezo a bailar en condiciones...
- Sigue soñando David. - Respondió el chico de los ojos claros.
- ¿Qué te ha dicho? ¿Todo bien? - Preguntó Álvaro en cuanto su amigo colgó el teléfono.
- La notaba algo distante.
- Blas, has sido tú el que ha estado distante este tiempo, entiéndela.
- ¡Te juro que no me llegó nada!
- Y te creo.
- ¿Entonces?
- ¿Por qué no te alejas de Alba? Ya sabes que todo acabó mal la última vez. ¿Por qué repetir el mismo error?
- No estamos juntos.
- Pero tampoco separados.
- Es complicado Álvaro...
- No lo es, llámala, quedáis y se lo dices.
- No quiero ni llamarla... Te juro que no aguanto más.
- ¿Por qué no nos lo habías dicho?
- ¡No sabía cómo hacerlo! ¡En cuanto escucharais su nombre me chillaríais cualquier cosa!
- Lo siento si no son buenas formas, pero entiende que lo hacemos por ti.
- Ya, ya lo sé... Oye y, ¿Elena y tú?
- ¿Elena y yo qué?
- ¡A mi no me engañas! ¿Estáis saliendo?
- ¡No!
- ¿De verdad?
- Sí.
- ¿Seguro?
- ¡Sí!
- Pues poco os queda para dar el paso... Cualquiera que te vea lo notaría.
- No digas tonterías.
- Te sale una sonrisilla en cuanto digo su nombre...
- Es una gran amiga, eso es todo. ¿Y a ti Clara qué? Te recuerdo que me dijiste que empezaba a gustarte. Y si os vais a París...
- Aún no he dicho que vaya a ir... Parece una encerrona, no quiero que la moleste.
- ¡Venga Blas! ¡Por favor! ¿Irás?
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